
“Nadie esperaba que fuera así de bella”: Eladio Gil Zambrana.
Este hombre amable, moldeó en 1974 con sus propias manos el monumento a la India Catalina, que se convertiría luego y para siempre en el símbolo más representativo de Cartagena.
Hoy, el maestro Gil Zambrana es un hombre de figura encorvada; caminar, comer, hablar y hasta pensar lento; como si cargara un gran peso sobre sus espaldas. Ese peso que carga son sus 77 años de edad, y un alto grado de diabetes que lo obliga a inyectarse insulina1 una y en ocasiones hasta dos veces al día.
Pero, detrás de este hombre hay una inmensa sabiduría, una infinita sensibilidad artística, un gran amor por el trabajo y sobre todo, una gran persona. Sus manos grandes y ásperas han tallado con gran esfuerzo sus esculturas, dando forma a cada una de sus magníficas obras de arte.
“La escultura es una parte de mi, parte de mi ser; es superior a mi y a mi entorno. No hay cosa más hermosa que una buena escultura. La escultura lo es todo”; dice con orgullo.
Hoy, el maestro Gil Zambrana es un hombre de figura encorvada; caminar, comer, hablar y hasta pensar lento; como si cargara un gran peso sobre sus espaldas. Ese peso que carga son sus 77 años de edad, y un alto grado de diabetes que lo obliga a inyectarse insulina1 una y en ocasiones hasta dos veces al día.
Pero, detrás de este hombre hay una inmensa sabiduría, una infinita sensibilidad artística, un gran amor por el trabajo y sobre todo, una gran persona. Sus manos grandes y ásperas han tallado con gran esfuerzo sus esculturas, dando forma a cada una de sus magníficas obras de arte.
“La escultura es una parte de mi, parte de mi ser; es superior a mi y a mi entorno. No hay cosa más hermosa que una buena escultura. La escultura lo es todo”; dice con orgullo.
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